Instrucciones para leer un libro

1- Son libros esos paquetes de colores que se aprietan en hileras sobre las estanterías de las casas viejas. La parte que así dispuestos muestran se llama “lomo”, palabra que recuerda la necesidad de girarlos para enfrentarse a ellos. Es una paradoja que el procedimiento para hacerlo sea en el fondo digital. Coloque su índice en su parte superior de alguno de ellos (note que en este acto el azar puede cambiar su vida) y tire de él para despegarlo de sus vecinos. Volteando el libro, sosténgalo antes de que caiga con el resto de dedos. No se alarme si se desploma en sus primeros intentos. Hay estrépito pero no se cuarteará como su tablet.

2- Ahora ve las “tapas” del libro, palabra que recuerda que los libros se han de “abrir”. No todos lo merecen. La información asociada al objeto habrá aumentado, pues estas dos cubiertas contienen imágenes y textos como reclamo. Como la especie que los escribe y lee, los libros no siempre cumplen sus promesas. Es momento de tomar varias decisiones en secuencia: si abrir o no el libro, si comenzar a leerlo o no, y también la de exhibirlo o no. La cubierta delantera es la “portada” y dice mucho de usted, tiene algo de manifiesto. Tenga en cuenta que su tablet no dice mucho más de usted que lo que está dispuesto a gastar en un tablet.

Elegir un libro es de valientes, y no sólo por lo dicho. No hay tarifa plana ni pago por línea leída. Si decide salir con él, un arrepentimiento implicaría cargar con un objeto varias veces mayor que su smartphone pero con menos de un megabit de contenido. Tómese tiempo antes de decidir, piense además que adoptará la mente de otra persona durante horas. Cortázar, en quien se inspiran estas instrucciones, es buena opción. No habrá dejado de observar que, incluso sin abrirlo, el libro ya le está forzando a la introspección.

3- Repita la operación descrita hasta alcanzar un ejemplar satisfactorio. Con tiempo, introducirá en esta rutina un hojeado rápido (véase el punto 5) para mejorar su criterio con heurísticos muy personales.

4- Abra el libro. Para ello abrácelo con sus manos y use los pulgares, separando en algún punto las “hojas”, palabra que recuerda que requieren luz para estar vivas. Comprobará que no pide contraseña. Puede percibir sensaciones no visuales muy adictivas: rugosidad, aroma, cierto crujir… Deténgase en ellas. No las encontrará en sus dispositivos equipados con pantalla.

5- Ensaye ya el avance y retroceso rápidos. La interfaz es táctil pero sin sensores capacitivos. Su tecnología permite que levantando ligeramente un pulgar se module la velocidad con que giran las hojas, impulsadas por la elasticidad del papel y controladas por fricción. Localice la primera página. Ahora puede sujetar el libro con una sola mano.

6- Llegado este punto practique el pasado de página, que implica usar pulgar e índice de la mano libre. No tema indiscreciones, el libro no registra donde se detiene, no está conectado con ninguna agencia de inteligencia. Nadie traficará con sus datos o actualizará su perfil para venderle o para marginarle. Un libro es reservado.

7- Lea. Compruebe que la lectura no está sujeta a interrupciones como publicidad, correos o mensajes, ni a tentaciones de búsqueda o charla, pues su tecnología no requiere conexión. El libro sólo sabe ser libro y no hay trucos interactivos. Eso lleva a estados de concentración casi místicos para estos tiempos.

8- Busque un punto con luz óptima para prolongar el efecto. Puede alejarse de la estantería para hacerlo. El libro es portátil y aquí se hace patente otra liberación: el libro no consume energía eléctrica.  De hecho, quizá, con el tiempo, deje de identificar a su hogar como el lugar donde están los cargadores de sus muchos equipos, sino como el lugar donde guarda sus libros.

Artículo ganador "¿El fin del libro como lo conocemos?"

2017-08-03T14:32:31+00:00 15 enero, 2017|1 comentario

Un comentario

  1. Jose m arnaiz 15 enero, 2017 en 22:48 - Responder

    Cuanto duran las pilas?

Deje su comentario