Un juego para estas elecciones

El Juego del Candidato es muy sencillo. Forma parte de los juegos educativos, pues se aprende a detectar estrategias, aunque también tiene su punto de juego de azar.

La duración de cada partida es la de un discurso, entrevista o debate. Los jugadores no se sientan enfrentados sino alineados mirando el televisor, porque ahí está el adversario real. Cada jugador necesita un cartón tipo bingo y un boli. A diferencia del bingo, no contaremos números sino “tretas” de distintos tipos, y éstas se pueden repetir en los cartones. Se sugiere gritar “tilingo” en lugar de «bingo,» que según el diccionario es “persona insustancial, que dice tonterías y suele comportarse con afectación”, definición que nos viene al pelo.

Las tretas son de dos tipos, las que distraen al votante y el juego sucio. En un momento en que lo único seguro es la incertidumbre, afrontamos la mayor revolución tecnológica de la historia, la geopolítica está demasiado interesante y contamos con abundantes debates económicos, sociales y morales, nuestros representantes nos escamotean el contenido con estas argucias:

Tretas para distraer al votante.

Definía Paul Valéry la política como «el arte de apartar a la gente de los asuntos que propiamente les conciernen». El político se aprovecha de nuestra “avaricia cognitiva” (que es máxima delante del televisor) para que no indaguemos. Por ejemplo, si periodistas u oponentes preguntan “qué harán cuando” o citan algún incumplimiento, el político pasa a “modo invisible” como los aviones espía y anotará puntos con:

  1. JERIGONZA: Ese señor lleva un rato contestando y pareciendo interesante con palabras muy chulas y, oh misterio, tanto ir y venir, tanto tecnicismo a voleo y al final sabemos menos del tema que antes. Algo así como el baile del maiquelyason.
  2. BONUS: El político promete abundantes beneficios que saldrán de nuestros propios bolsillos. Los votantes quedamos abducidos y agradecidos por ser sobornados con nuestro propio dinero (o peor, dinero que pedirán en nuestro nombre). ¿Qué tal otro aeropuerto?
  3. PEROGRULLADA: Defender con vehemencia y emoción obviedades con las que nadie en su sano juicio puede estar en desacuerdo, pero sin ningún aterrizaje práctico. Pasa el turno y le aplaudimos porque, qué razón tiene este hombre. Los humanos tenemos derechos, qué caramba. El planeta es importante, y los niños también. Y la salud, cómo se nos pudo olvidar.
  4. FOTOCHOP: Ellos lo llaman “enmarcar” porque así lo llamaba Lakoff. Palabras grandilocuentes y bonitas para lo suyo y feas para lo de otros. Historias épicas para lo suyo y de villanos para otros. Esto afecta directamente a partes profundas del cerebro que nos hacen instintivos y por eso no pongo ejemplos, pero podemos fijarnos en que las leyes tienen cada vez nombres más bonitos.
  5. TRILERO: Los temas importantes pero complicados (como hacer sostenible el sistema de pensiones) no convienen demasiado. Reconocer un error es tabú en la profesión. En esos casos es más fácil traer otro tema mucho más emocional o simbólico donde no haga falta saber nada sino que seas de los míos. El objetivo es ponerse intenso y arrancar un aplauso final.

Tretas de juego sucio

En el “Breviario para Políticos”, el Cardenal Mazarino escribía que “si tienes que abandonar un cargo, evita que tus sucesores posean unas capacidades visiblemente superiores a las tuyas”. Muchas aplicaciones iterativas de esta máxima nos han traído aquí. Los políticos mediocres ya no pretenden que les admires, prefieren intentar que te resignes.

  1. YTUMÁS: Descubrimos en política que el secreto del éxito ya no requiere ser honesto, ni siquiera parecerlo. Groucho se quedaba corto. Basta con que recordando casos otros parezcan aún más corruptos que tú.
  2. GALIMATAZO: En las aventuras de Alicia era una quimera, mezcla de muchos animales. El galimatazo es crear un galimatías que mezcla piezas dispersas de aquí y de allá, del presente y del pasado, para hacer del adversario un monstruo apestoso. Lo malo no es que se llamen malos, lo malo es que nos meten miedo. Es cosa de pocos votos que tengamos escuadrones fascistas o bandas de terroristas en el poder. A las trincheras.
  3. CHUPACABRAS: Robar los conceptos del contrario, construidos con tanto trabajo, y usarlos tú. Antisistemas que hablan de patriotismo, por ejemplo. Centro o liberalismo reclamados desde cualquier sitio.
  4. INVIDENCIAS: El político entra en modo McGyver y empieza a sacar papeles y objetos y soltar datos. Una extraña gráfica sin ejes verticales ni definiciones que demuestra que lo de un color es mucho mejor que lo de otro. Una fotocopia borrosa de un artículo o mail. Una foto. Se supone que son evidencias de maldad ajena, que casi deberían mostrarse plastificadas como en los juicios. Pero la verdad, no se ve nada.
  5. YASIESO: El operador discursivo “ya si eso” y sus variantes sólo se los puede permitir el político sobrado. Como en el síndrome de Estocolmo, el político ya se ve ganador y su votante se sabe rehén. Como el único peligro es la verdad, y prometer ya no hace falta, ante cualquier pregunta el político decide dejarse abiertas todas las opciones posibles ante el estupor del futuro perdedor que tendrá que mojarse. Es el desprecio máximo al oponente y al votante. El amado líder ya sabe por ti. El amado líder hará lo mejor para ti.

Lo bueno de este juego es que puedes cambiar una discusión familiar por unas risas. También, que como consumidor puedes exigir más a tu proveedor favorito de política. Lo malo de este juego es que en el fondo no puedes no jugar. Es decir, o aprendes a jugar, o formas parte de juego de otros.

2019-08-08T12:01:30+00:008 mayo, 2019|Comentarios desactivados en Un juego para estas elecciones