Desafiando la maldición de la calavera

Homer_1En el último número de la revista Brain (vía el blog Future Pundit), dos investigadores afirman haber encontrado evidencias de que a mayor tamaño del cerebro humano, mayor inteligencia (y viceversa). El estudio consistió en la realización de tests de inteligencia a 100 enfermos terminales, cuyo cerebro fue medido tras su muerte.

Nos hallamos ante un nuevo desafío a la maldición de la calavera, que ataca regularmente a la comunidad científica, y que dice así:

“Aquel científico que proclama que la inteligencia es proporcional al tamaño del cerebro humano, queda en triste evidencia cuando a su muerte, su cerebro es pesado”

  • La primera víctima de la maldición fue Franz Josef Gall, fundador de la frenología, la “ciencia” de juzgar la valía mental y el carácter según el tamaño de ciertas zonas cerebrales y su repercusión en el cráneo. En 1828, su pequeño cerebro sólo dio 1.198 gramos en la báscula.
  • La segunda víctima fue Paul Broca. Ya en el XIX, en el seno de la Sociedad Antropológica de París, algunos científicos “encabezados” por él trataban de justificar la importancia de estudiar las medidas de los cráneos de distintas razas para comprobar su “diferente valía intelectual”. El objetivo no oculto era probar la supremacía del varón blanco, y dentro de éste, de la clase científica. La prueba la tenían delante, acababa de morir Cuvier, el más grande anatomista de la época, fundador de la paleontología, incombustible político y gran cabezón. El problema es que aunque había referencias de que era una buena pieza de casquería, la reliquia se perdió, y Broca no tenía pruebas. Hasta que encontró su sombrero. Así se produjo un animado debate en la Sociedad Antropológica sobre si éste (que era de gran talla aunque estándar) era o no excepcional, sobre si era flexible y por tanto no hacía justicia al melón, o sobre si era mayor de lo necesario porque el pelo de Cuvier era muy espeso…

Como consecuencia, se puso de moda entre la gente eminente en ciencias o letras la medición de la herramienta de trabajo post mortem, claro. Un boleto para pasar a la memoria del pueblo como inteligente, paliando lo que los logros no consiguieron. Algunos parecieron confirmar la tesis, pero otros, como Walt Whitman o Anatole France, quedaban bastante por debajo de la media. Con expectación, a la muerte de Broca (1880) se midió su cerebro. Medianito, menos de kilo y medio.

Estos surrealistas debates no eran inocentes. Anticipaban otras doctrinas que han hecho mucho daño en el siglo XX; como la eugénesis que llevó a la esterilización o muerte a miles de personas, el destino de las razas (con la “solución final” como máximo exponente), o justificar la minusvaloración del sexo femenino, cuyos cerebros pesan menos en promedio.

  • La tercera víctima fue el propio Albert Einstein. Einstein insistió en que se analizara su cerebro tras su muerte (1955), pero los resultados no se divulgaron inmediatemente. Natural, 1230 gramos no son para tirar cohetes. Decepcionante huevo Kinder, aunque visto por otro lado, quizá ésta sea la última contribución del genio: “el tamaño no importa”.

Nota: Naturalmente, a los cubitos que aún quedan del cerebro de Einstein se les ha dado bastantes vueltas para considerar determinante cualquier peculiaridad (aunque es de suponer que los cerebros sean aún más diferentes que las caras), hasta en análisis decenas de años después. Lo mismo que con el de Lenin, incluso aunque (y paradójicamente) sólo le quedaba en buen estado el hemisferio derecho.

Y ahora tenemos una nueva contribución. Debo reconocer que no me resultan simpáticos este tipo de estudios por lo que pueden acarrear. Además, resulta curioso la alegría con la que se sacan conclusiones además por sexo, por edad, por ser zurdo o diestro, con un muestreo poco amplio y con claros riesgos de sesgo y condicionamiento. Y por si fuera poco, se hace una mención a que el estudio podría justificar el uso de imágenes cerebrales para los test de inteligencia. Mañana nos pueden hacer un scanner para conseguir trabajo por estudios como éste, o resucitar los extintos frenólogos. Esperemos que no resucite otras cosas. Si tiene una entrevista de trabajo, “tampoco” deje que le toquen la cabeza.

Pequeño epílogo: ¿Pero no es lógico que, si pensamos con el cerebro, cuanto más grande sea pensemos mejor?

El tamaño de nuestros cerebros es proporcionalmente mayor al de otros animales. Gasta un 20% de nuestro metabolismo y convierte en peligrosos los partos, o sea que no está ahí por casualidad. Pero las abrumadoras excepciones a la teoría vienen a indicar que a la hora de pensar, lo importante es cómo está el cerebro organizado, y no lo que pesa.

Desde un punto de vista evolutivo, ésta es la transición que hay entre el Homo Erectus, que se tira más de un millón de años sin grandes progresos, y el espabilado Sapiens. Más aún, los Neandertales tenían mayor cerebro que sus contemporáneos Sapiens de los que provenimos. Por otro lado, hay teorías que niegan que esa gran masa cerebral humana se haya desarrollado precisamente para pensar, sino por otro motivo, aunque después se haya reformateado y pensar haya pasado a ser su segundo uso tras ver la TV. Por ejemplo, Fialkowski ha expuesto una teoría: la cabeza grande sirve para correr largas distancias, y soportar el calor sin averías gracias a un cerebro redundante. Físicamente, es una de las pocas cosas en que nos distinguimos los humanos, que podemos agotar a una presa persiguiéndola. Esa puede justificar la aparición de esa “masa crítica cerebral”, como en las focas, cuyos cerebros están dimensionados para soportar los daños de la falta de oxígeno.

En resumen, que superado cierto límite, que esa masa sea más o menos fructífera puede tener alguna correlación con tamaño del cerebro, pero sobre todo con lo fértil que sea o lo bien que se cultive. La inteligencia es mucho más que un CI, y la valía no digamos. Por eso, está bien que se investigue, pero extrapolar a partir de algo tan basto como el peso consecuencias raciales, sociales o laborales, ya no es teoría, es “tonteoría”.

2006-01-03T00:50:11+00:003 enero, 2006|7 Comentarios

7 Comments

  1. Egocentrico 3 enero, 2006 en 11:56

    Verás, es que yo tengo una cabeza muy grande.

    Y cuando me han dicho «cabezón» les he contestado que es que tengo un cerebro muy grande.Es mano de santo, porque el que me dice cabezón y le contesto eso no me lo vuelve a decir 😀

    Eso si, yo sigo igual de tonto que siempre, fijate las tonterias que pongo en los comentarios ;-D

  2. Martínez 4 enero, 2006 en 23:50

    Siguiendo a Lula, yo creo que la inteligencia en efecto es cómo el valor, porque es de mala educación no suponerla. Es lo mejor repartido del mundo, como dijo Pascal o Descartes, uno de dos, porque nadie quiere creer que tenga menos que nadie. En efecto, las teorías suelen primar el sexismo, el racismo y el sexismo, y además, como es habitual, los pseudocientíficos magnifican lo que pueden medir: el peso tras la autopsia, los bultos en el cráneo… Es mejor el peso porque los bultos o los centímetros los puede medir cualquiera, pero el peso hace falta un científico. Como lo pueden medir es importante, y si lo pueden medir sólo ellos, es muy importante.

    Cuando los escáner midan la densidad de circunvalaciones, sinapsis, los voltios o lo que sea, sacarán una nueva teoría tomando como referencia mínima el valor característico de «los otros». Lo que quiero decir es que si los miembros de la sociedad antropológica de Paris (varones blancos de clase alta) tuvieran las cabezas menores que otras razas o clases, la teoría hubiera sido que a menor cabeza, más habilidad y rapidez mental porque hay menos recorrido.

    Y que la «inteligencia sea hoy un inconveniente», me recuerda que comente a Lula que leí el libro que citó en un comentario, el «Elogio del imbécil» de Pino Aprile, que entre otras cosas atinadas pone en boca de los Neandertales encarándose con nuestros científicos Sapiens lo siguiente: «Cuando comparáis vuestro cerebro con el de los monos decís: «el nuestro es más grande», y cuando lo comparáis con el mío, que es mayor, decís: «el nuestro es más complejo»»

  3. alezita 5 enero, 2006 en 21:17

    Hola:
    Muy buen artículo, encontre que era un tema muy interesante.

  4. herel222 6 enero, 2006 en 19:51

    Hay otra teoría que mide el potencial intelectual (otra cosa es que se desarolle o no) en función no tanto del tamaño como de la superficie cerebral, es decir, para un mismo volúmen cuanto más arrugado esté el mendrugo, más superficie tendrá. Una hoja de papel puede contener X información, si la plegamos reiterativamente hasta que pueda tomar el sol a la sombra de una chincheta, seguirá conteniendo toda esa información, aunque visualmente aparente tener menos capacidad.

  5. Howard Roark 13 enero, 2006 en 18:01

    En Gattaca,- http://webs.demasiado.com/cinesurfer/gattaca.htm – película protagonizada por Ethan Hawke y Uma (grande y libre) Turman un «hijo de Dios»(ser imperfecto y sin los mejores genes posibles) muestra que el hardware biológico no lo es todo, y que la fuerza del espíritu humano (espíritu = visión y pasión humana), puede sobreponerse a desventajas iniciales genéticas.
    De hecho, el espíritu es un software biológico de alto nivel sin el que los más grandes fines jamás podrían lograrse. Quizá «no hay gen para el espíritu humano» http://www.geocities.com/Area51/Dimension/7661/gattaca.htm

  6. Martínez 13 enero, 2006 en 18:19

    Como siempre, Howard da en el clavo. Ese es el tema del post y no otro. Y por otro lado, si «inteligencia» es «capacidad de adaptación», quizá sea en algunos entornos, como «álgido», una palabra que empiece a significar lo contrario.

  7. Maelmori 26 enero, 2006 en 18:54

    Sólo por hacer recopilación, está también el caso de Birschoff, prestigioso anatomista de finales de 1800. Su historia la recogen en ciencianet.com y se supone que fue publicada originalmente en el Scientific American (Marzo 1992)
    http://ciencianet.com/fisicos.html
    En definitiva, y como cuentan ellos mismos, vio que el peso promedio del hombre era de 1350 gramos, y el de la mujer de 1250 gramos. Usó estos datos para argumentar una superioridad intelectual masculina. Hasta que, claro, palmó y le levantaron la caja a ver si había algo. Su cerebro pesaba 1245 gramos.

    La maldición calaveeeeraaaa…. 😉
    —–
    PING:
    TITLE: EstrategA: Desafiando la maldición de la calavera, o la mala ciencia nuna muere
    URL: http://meneame.net/story.php?id=2157
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    BLOG NAME: meneame.net
    DATE: 01/04/2006 08:25:11 PM
    Sr. Martínez reflexiona sobre una de esas teorías «científicas» que reaparecen cual río Guadiana. «Nos hallamos ante un nuevo desafío a la maldición de la calavera, que ataca regularmente a la comunidad científica, y que dice así: “Aquel científico que…

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