Regalos de empresa

Cesta_1Los esquimales, que como están cerca de Papa Noel tienen que saber de esto, lo dicen muy claro en este refrán:

“Los regalos hacen esclavos como los latigazos hacen perros”

O al menos, así lo recoge el antropólogo Marvin Harris. Lo que subyace es la espera de reciprocidad. Dar regalos es algo ambiguo como intercambio económico en el sentido de que no se especifica la recompensa ni los plazos de ésta y se pretende que la decisión de su importe ha sido casual. Si el regalo unilateral o el desequilibrio en el intercambio se produce por afecto, probablemente no espere compensación fuera de éste, y es una simple demostración. Pero cuando el desequilibrio lo fuerza, por ejemplo, un proveedor que te envía en Navidad algo superior a las típicas botellas de vino… es sorprendente lo afectuosos que pueden llegar a ser algunos proveedores.

En las sociedades igualitarias agradecer es de mala educación. Es como decir: “entiendo que pretendes hacer ver que eres superior, o que te debo una”. Se suelen hacer desprecios a los regalos pequeños y no se aceptan los exagerados. En la mitología precolombina del Popol Vuh incluso se aplaude el asesinato del que aquí se podría describir como un “superhéroe” benefactor, porque se le considera un soberbio. Estas culturas entendían del maligno poder del regalo, y temían que lo que empieza como una adicción al estatus de algunos que despilfarran tipo estrella del rap, acaba llevando al exceso de trabajo del resto, que encima debe estar “agradecido” a la clase  benefactora.

Mientras, en nuestra sociedad agradecemos en exceso los regalos pequeños (lo que es en sí un regalo a la autoestima del regalador) pero se solemos decir poco ante los grandes. ¿Será señal de que funcionan?

Ayer comí con alguien que me contó cómo es rara la Navidad en que no devuelve varios regalos tipo Rolex. Olvidé citarle el refrán esquimal, aunque creo que no le hacía falta. Curiosamente, por un momento me pareció que que el prestigio aumenta no sólo haciendo regalos, sino rechazándolos.

2005-12-21T16:28:46+00:0021 diciembre, 2005|7 Comentarios

7 Comments

  1. Egocentrico 21 diciembre, 2005 en 17:56

    Pues yo solo puedo decirte lo que decía mi abuelo:

    «Si te dan algo, acéptalo, porque si lo hace con buena intención se va a molestar.

    Y si lo hace por cumplir, que se joda.»

    Podría haberlo puesto más fino y educado, pero he preferido mantenerlo fiel a la versión original.

  2. Martínez 22 diciembre, 2005 en 9:02

    El comentario del abuelo de Egocéntrico no sería igual de bueno si se hubiera traducido 😉 Ahora bien, hay regalos que ya se ve que no son ni de buenas ni por cumplir, sino para que cumplas. Y si hay normativas internas y códigos profesionales (manifiestamente incumplidos) y escándalos políticos es porque ahí está ese toma y daca.

    Lo de la cultura de muchos empresarios de PYMEs españoles merece más de un post, pero sólo conozco el tema por referencias de sufridos amigos. Si hay lectores que quieran ilustrarme con ejemplos, yo encantado de componerlo y anonimizarlo.

  3. AMRS 22 diciembre, 2005 en 10:44

    En América (zona de la Columbia Británica, más o menos), existían los Potlatchs (una especie de festival de regalos entre poblados), que se usaban como manera de equilibrar las diferencias de ciclo económico o, más bien, de suerte en las cosechas, etc. Cuando las cosechas en una zona eran malas, los potlatchs ayudaban a nivelar, puesto que los ricos pasaban parte de su riqueza (en forma de regalos) a los pobres (ricos y pobres durante esa cosecha, entre poblados más que entre personas del mismo poblado). Eran un sistema, como dices, de reciprocidad esperada, pero también de supervivencia social mediante la cooperación.

  4. Conectada 22 diciembre, 2005 en 11:54

    qué grande es el refranero español:

    «el que regala bien vende si el que recibe lo entiende»

  5. Conectada 22 diciembre, 2005 en 12:06

    qué grande es el refranero español:

    «el que regala bien vende si el que recibe lo entiende»

  6. Octavio Isaac Rojas Orduña 22 diciembre, 2005 en 16:18

    ¿El maligno poder del regalo?
    Ahora no puedo estar de acuerdo.
    Quizás en el contexto en el que lo pones(en el ámbito empresarial), vale.

    Sin embargo, no puedo ver ese «efecto búmerang» en la generosidad, incluso, en la generosidad material de muchísimas personas.

    ¡Felices fiestas!

  7. Martínez 22 diciembre, 2005 en 18:17

    Claro que no, Octavio, ya digo que no aplica al afecto, ni tampoco a la generosidad altruista, ahora bien, como dice el Evangelio, «que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda»

    Porque si no es así entramos en el efecto bumerán que describen algunos antropologos: la servidumbre de la reciprocidad y la escalada competitiva entre los más poderosos llevan al poder formal, las castas, el despilfarro ceremonial (el potlatch que menciona AMRS), el abuso de los recursos naturales… por eso las culturas que no quieren entrar en esa espiral son recelosas de los regalos: es «maligno» para ellos porque adivinan que cambiará su forma tradicional de vida, menos ansiosa.

    Aquí ya no tiene remedio, así que lo único que queda es constatar que esa «reciprocidad» se espera en los regalos sin cariño o humanismo, que se hacen calculando un ROI.

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