COACHING2019-08-08T06:31:17+00:00

Coaching

No hay mucho que añadir sobre los beneficios del coaching. Es un proceso de consciencia, de liderazgo (tanto para dirección como para el liderazgo de la propia vida), de logro y de aprendizaje. Las interferencias como conflictos, dispersión, desconfianza, creencias limitantes, se disipan, y con el avance se abre un círculo virtuoso de crecimiento y eficacia.

Mi oferta de coaching es tanto personal como ejecutiva. Al estar formado en distintas escuelas, soy agnóstico en cuanto a metodología, siendo abierto en el empleo de recursos. Evito asociar los procesos a visiones del mundo o recetas (hay un alto % de oferta de «coaching» que sabe lo que necesitas antes de conocerte). También soy versátil en el canal de comunicación: puede ser videoconferencia, en mi despacho profesional frente al Parque del Retiro (con lo que siempre hay la opción de unir la sesión a un paseo), o acercarme a empresas. Mi acompañamiento es limitado en plazo ya que busco que los clientes cuenten con recursos para su propia automejora. En mis sesiones tiende a generarse claridad, confianza y humor.

Mi forma de entender el coaching es muy similar a mi forma de entender la estrategia empresarial. Los ingredientes de un proceso, que también son sus fases (aunque tienden a entreverarse), son foco, estrategia y movimiento en ambos casos.

Foco

Estrategia

Movimiento

El «para qué», la meta. Eso nos da el foco. Cuando los valores y la identidad (sea de la persona o de una empresa) son consistentes con la aspiración, la visión se aclara, la creatividad surge para la estrategia y los movimientos se alinean. Pero si se derrochan estrategias y motivación, pero no hay enfoque, los esfuerzos se dispersan, como ocurre con una manguera suelta. Falta orden y sentido.
Para ser estratega, lo primero es mirar con otros ojos. No sólo lo que pasa, sino a los propios recursos y creencias. Después, jugar con lo que hay para abrir opciones, y usar la mente crítica para seleccionar entre éstas el «cómo» que mejor resuelve los dilemas. Sin este proceso de apertura y cierre, no hay buena estrategia, los esfuerzos no rentan y la aspiración sigue a igual distancia, como en una bicicleta estática. Y sentimos la irritación del esfuerzo inútil.
El foco y estrategia no son llevan a nada por sí mismos. Hace falta hacer, y un plan que diga qué. Dividir las ideas en escalones es el secreto de la civilización. El logro impulsa a subir el siguiente. Decía Cortázar: «las cosas invisibles necesitan encarnarse, si no las ideas caen a la tierra como palomas muertas». Con objetivos, con ideas, pero sin planes motivantes las personas caen en el cinismo y las empresas en declive.

Estos tres componentes (foco, estrategia, movimiento), son también la metáfora del logo de Estratega (la puerta es la meta en la que enfocarse, la bombilla son las ideas que resuelven y la escalera los planes que se hacen). He señalado un sentimiento y una nueva metáfora para representar lo que ocurre cuando falta cualquiera de ellos: la manguera suelta, la bici estática, la paloma que cae. Si se siente esa sensación de inquietud por el caos improductivo, irritación por la falta de avance pese al esfuerzo aplicado o tristeza al comprobar que aún teniendo fines, ideas y medios no hay movimiento, el coaching (para una persona) o el diálogo estratégico (para una empresa) funcionan. Simplemente, falta integrar en el día a día la forma adecuada de estos tres elementos clave: el «para qué», el «cómo» o el «qué» mediante un proceso de acompañamiento.

Como coach, cuando tengo clientes directos es porque nos hemos elegido mutuamente. Para mí es importante aceptar sólo clientes de los que estoy 100% seguro de que pueden alcanzar sus objetivos. Eso ocurre cuando percibo que son capaces de crear movilidad en estas tres dimensiones.